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Español/Spanish
Capítulo
Shepherds of Christ Publications
Ft. Mitchell, Kentucky, EE.UU.
Rev. Bradley M. Schaeffer, S.J.
Provincial
Provincia de Chicago de la Compañía de Jesús
Nosotros reconocemos y aceptamos que la última autoridad sobre
revelaciones
privadas descansa en la Santa Sede Romana, y a su juicio nos sometemos.
© 1996 Shepherds of Christ
Asociados de Los Pastores de Christo, es publicado por Shepherds of Christ Publications, una división de Shepherds of Christ Ministries, P.O. Box 17596, Ft. Mitchell, Kentucky, EE.UU. 41017-0596.
Director Espiritual, SofC Ministries:
Padre Edward J. Carter, S.J.
Coordinador Nacional (U.S.A.) e Internacional,
Asociados de Los Pastores de Christo:
Bonnie Kaelin, 6518 Forged Way,
Georgetown, Indiana, EE.UU. 47122-9212
Consultor Espiritual, Asociados:
P. Dennis Cousens
Todos los derechos reservados. Ninguna parte de este folleto puede ser
reproducido o transmitido en ninguna forma sin el consentimiento por escrito
de sus editores. Para más información contáctese a
Shepherds of Christ Publications.
PRIMERA ESPANOL EDICIÓN: MARZO DE 1996.
"Mi amado compañero sacerdote, mi intención es usar la carta informativa sacerdotal, Pastores de Cristo, y al Movimiento Asociados de los Pastores de Cristo en una forma poderosa para la renovación de mi Iglesia y del mundo.
"Yo usaré la hoja informativa y los capítulos de Asociados de los Pastores de Cristo como un poderoso instrumento para la Devoción a mi Corazón y al Corazón de mi Madre.
"Yo estoy llamando a muchos para que sean miembros de Asociados de los Pastores de Cristo. A todo les daré grandes bendiciones. Yo los usaré como instrumento que ayuden para que triunfe el Inmaculado Corazón de María y el reino de mi sagrado corazón. Yo daré grandes gracias a los miembros de los Asociados de los Pastores de Cristo. Yo los llamaré a que se unan a mi Corazón y al Corazón de María y los guiaré muy cerca de mi Padre en el Espíritu Santo."
- Mensaje de Jesús al Padre Edward J. Carter S.J., nuestro
Director Espiritual, el 31 de Julio, 1994, fiesta de San Ignacio de Loyola,
Fundador de la Compañía de Jesús (jesuitas).
Durante el verano de 1993, el Padre Edward J. Carter, S.J., Profesor de Teología de la Universidad Xavier de Cincinnati Ohio, comenzó a recibir locuciones místicas (mensajes) de Jesús y María regularmente.
En un mensaje dado el 31 de mayo de 1994, Jesús le pidió al Padre Carter que empezara la publicación de una carta informativa espiritual para sacerdotes. Sería enviada a más de 65,000 sacerdotes... Dicha carta hoy está a cargo de Shepherds of Christ Publications, y se distribuye cada dos meses. Su título es: Asociados de los Pastores de Cristo.
Jesús ha pedido que se formen capítulos para rogar las necesidades de los sacerdotes alrededor del mundo. Los capítulos rogarán de una manera especial por el éxito espiritual de la carta informativa sacerdotal, y ayudarán a financiar esta publicación. Los capítulos y miembros se llamaran Asociados de los Pastores de Cristo.
Nuestro Señor ha hecho hincapié que los Pastores Asociados de Cristo sea un movimiento internacional.
La forma de vida espiritual que se propone a los miembros de Asociados
de los Pastores de Cristo se centra en la consagración a los Corazones
de Jesús y María. Todos los aspectos de la vida espiritual
que vienen a continuación, serán enfocados como medios para
ayudar a los miembros a visualizar y desarrollar sus vidas en consagración
a Cristo, en su Sagrado Corazón y a María, en su Inmaculado
Corazón.
La vida cristiana está anclada en el gran evento de la Encarnación. Por tanto, tenemos que tener siempre nuestra mirada enfocada en Cristo. Considerando que todo lo que el Padre desea comunicarnos, se resume en la Vida, Muerte y Resurrección de Jesús. Lo nuestro debe ser esforzarnos por comprender más profundamente la inagotable verdad del Verbo Encarnado: "En diversas ocasiones y bajo diferentes formas, Dios habló a nuestros padres, por medio de los profetas, hasta que estos días que son los últimos, nos habló a nosotros por medio de su Hijo. Este es al que Dios constituyó heredero de todo, ya que por dispuso las edades del mundo." (Heb. 1: 1-2)(1)
¿Cuál era la condición de la raza humana en el tiempo de Cristo? La gente era más o menos como nosotros hoy en día. Estaban los que nacían al drama humano de este mundo. Los que con su muerte lo dejaban, habiendo entendiendo muy poco el sentido de la vida. Estaban los sanos y vigorosos. Los enfermos y tullidos. Los que sentían el peso del dolor, el sufrimiento de la condición humana. Los exaltados que deseaban todos los placeres que la vida puede dar... Y algún que otro bien se lograba, de todas maneras. Pero la inmoralidad abundaba. Lo que San Pablo nos relata acerca del tiempo inmediatamente posterior a la existencia de Cristo, se podía aplicar también al tiempo de su llegada a este mundo. El panorama que San Pablo nos revela es muy triste (Rom 1:22-33).
Pero, a esta pervertida condición vino Jesús, con un corazón grande y generoso, para guiar a la raza humana de la profundidad del pecado a la riqueza de una vida nueva en El. A través de su humanidad, este Cristo vino a ser el punto de toda la historia. Las esperanzas y sueños auténticos de la familia humana, tan afectada por la fealdad del pecado, vino a convergir sobre este Cristo. El los reuniría en Sí mismo, les daría un nuevo brillo y dinamismo, y guiaría a la familia humana nuevamente al Padre en el Espíritu Santo.
Cristo nos libraría radicalmente del domino del pecado y nos elevaría a un nuevo nivel de la existencia. Esta vida que Cristo nos ha dado, no es un tipo de estructura superior que está erigida sobre la existencia humana. Aunque la naturaleza y la gracia son distintas, no están separadas, sino que la gracia penetra y le da forma a la naturaleza. El cristiano es una persona en gracia. El cristiano es aquel que ha sido levantado, asumido y movido a una forma de vida interior en Cristo Jesús. Nada que sea auténticamente humano en la vida del cristiano ha sido excluido de esta nueva existencia. Aquello que es verdaderamente humano en la vida del cristiano es expresión de su vida en Cristo. Los gozos sencillos, pero fuertes, de la vida familiar, el asombro ante la belleza de la naturaleza, el abrazo cariñoso de una madre a su hijo, la agonía al tomar una decisión drástica, el éxito o frustración que experimentamos en nuestro trabajo, el gozo de ser bien recibidos, la angustia de no ser comprendidos,--todas esta experiencias al ser alcanzadas por Cristo--se humanizan.
Jesús no ha venido entonces, a destruir aquello que es auténticamente humano, sino a perfeccionarlo y llevarlo a plenitud por su gracia. Este es el sentido de que la Palabra se haya hecho carne, esto es lo que significa la Encarnación. Mientras más nos asemejemos a Dios por Jesucristo, seremos mas humanos.
Si por el bautismo nos incorporamos en Cristo, nos disponemos a revivir la Vida, Muerte y Resurrección de Jesús. Y al lograrlo, no solo conseguimos nuestra propia salvación sino que ayudamos a la salvación de los demás. La Encarnación siempre está vigente, y es Cristo quien la continúa. Pero El requiere nuestra ayuda. El mundo ya no ve a Jesús, ya no se le acerca para tocarlo. Nosotros somos los que hoy, de alguna manera, hacemos a Cristo visible y tangible. En unión con el Cristo invisible y glorificado, y al depender de El como nuestra fuente de vida, continuamos la Encarnación en su dimensión visible y temporal. Este es un gran privilegio. Es nuestra responsabilidad.
El cristiano se inicia al misterio de Cristo en su papel de prolongarla Encarnación a través del Bautismo. En palabras de San Pablo: "¿Cómo podrían ignorar este punto? Los que fuimos sumergidos por el bautismo en Cristo Jesús, fuimos sumergidos con él para participar de su muerte. Pues, por el bautismo, fuimos sepultados junto con Cristo para compartir su muerte, y, así como Cristo fue resucitado de entre los muertos por la Gloria del Padre, también nosotros hemos de caminar en una vida nueva." (Rom 6: 3-4).
Pero no es suficiente incorporarnos en Cristo por el Bautismo. Todas las formas de vida requieren de alimentación. Así. también, nuestra vida en Cristo debe ser alimentada continuamente ¿Cómo podremos estar siempre unidos a Cristo? De diversas maneras, pero muy especialmente a través de la liturgia. Sobre todo en la liturgia de la Eucaristía. Aquí el curso completo de la historia de la salvación, centrada en Jesús es renovado y continuado sacramentalmente. A través de nuestro, tan especial y personal encuentro con Jesús en la misa, nos incorporamos más profundamente a Cristo. Además, deberíamos recordar que todos los sacramentos constituyen la liturgia del la Iglesia.
Leer las Sagradas Escrituras nos brinda otra ocasión especial de encontrarnos con Jesús. Y esto aplica tanto para el Antiguo como el Nuevo Testamento. El Antiguo Testamento prefigura el Nuevo Testamento y nos guía a él. Es obvio, sin embargo, que a Cristo lo encontramos especialmente en las páginas del Nuevo Testamento. Aquel que no está familiarizado con las Escrituras, no conoce verdaderamente a Jesús. Debiéramos decidir leer las Escrituras diariamente...
También encontramos a Jesús en nuestras relaciones con los demás. Con los que convivimos y a los que servimos. Son la imagen de Jesús. Debemos procurar crecer en este conocimiento. Si yo realmente creo que todos han sido redimidos por la sangre de Jesús, ¿cómo debo de tratarlos?
Estas son algunas de las formas para tener contacto con Jesús, hay que dar pasos en la oración. Nuestro contacto con Jesús en la liturgia, a través de las Escrituras y en nuestras relaciones con los demás, no serán lo que deben ser si no somos personas de oración. La luz y fuerza de la oración, nos ayudan a conservarnos en contacto con Jesús.
Vivimos nuestra vida en Cristo en una atmósfera de amor. De hecho, la vida que Jesús nos a dado, está centrada en el amor. Tiene su origen en el misterioso amor de Dios: "Tanto amó Dios al mundo que entregó su Hijo Unico, para que todo el que crea en él no se pierda, sino que tenga vida eterna." (Jn. 3: 16).
Nuestra nueva vida en Jesús proviene del insondable amor de Dios. Cristo al descender a nuestra carne dejó establecido un espacio para el amor. La vida que El vino a darnos solamente puede florecer en el marco del amor.
El significado de la vida cristiana se resume, entonces, en nuestra respuesta al amor de Dios. El Corazón Traspasado de Jesús, este corazón que derramó la última gota de sangre en el amor mas grande por cada uno de nosotros, es el símbolo del inmenso amor que Dios nos tiene. El Corazón de Jesús nos llama a responderle a su amor, al amar nosotros a Dios y al prójimo. Sí, Jesús nos invita a responder al amor a Dios al entregarnos amorosamente a El en una unión mas íntima. Mientras más íntimamente estemos unidos a El, mayor será nuestra capacidad de amar a Dios y al prójimo. Si estamos más unidos a Jesús, estaremos mas unidos al Padre en el Espíritu Santo, con María nuestra Madre a nuestro lado.
Ya hablamos sobre la forma en que nos incorporamos a Cristo por el Bautismo. Ahora hablaremos de la vida que se da por el Bautismo en forma de consagración: Consagrar significa hacer sagrado, hacer santo. Solamente Dios puede hacer a alguien santo.
"Hablar de nuestra consagración es hablar de lo que Dios hace santicarnos. De su actividad para darnos una parte de su misma Divinidad, además de su santidad. Cristo es el mediador de esa vida de gracia. Somos bautizados en Cristo, en su Muerte y Resurrección. En el Bautismo nos hacemos santos compartiendo la santidad de Cristo. Somos consagrados, sellados con la santidad divina. Pertenecemos al Padre, por Cristo en el Espíritu Santo.
"De nuestra parte, debemos responder a la consagración que Dios hace de nosotros. Debemos comprender lo que Dios ha hecho por nosotros en Cristo, y vivirla de veras. Necesitamos vivir la vida de santidad y crecer en ella. En otras palabras, debemos desarrollar la vida de la gracia, al vida cristiana.
"Lo que Dios ha hecho por nosotros en Cristo involucra a María. Dios nos ha dado una vida cristiana, nuestra vida de gracia, y María es la madre de esta vida cristiana. Consecuentemente, vivir nuestra vida de consagración a Dios viviendo la vida cristiana incluye el permitirle a María que incremente su condición de Madre en nuestra vida cristiana.
"El consagrarnos a María, consecuentemente, es un aspecto de nuestra consagración al Padre, al Hijo, y al Espíritu Santo. Es confiar enteramente en su maternal amor para que ella nos acerque a Jesús, para que acreciente nuestra consagración a Dios en Cristo.
"En Fátima, Nuestra Señora pidió que nos consagráramos a su Inmaculado Corazón. María nos muestra su corazón como símbolo de su amor a Dios y a nosotros. Nos pide que demostremos nuestro amor, consagrándonos a Ella, completamente. Ella desea que nos entregemos a ella completamente, para poder ayudarnos, entonces, a amar a Dios y al prójimo.
"Como hemos mencionado, consagrarnos a María es un aspecto de nuestra consagración a Dios en Cristo, y nos ha pedido que nos consagrarnos a su corazón para realizarlo. Cristo, a su vez, nos invita a vivir, esta consagración a El a través de la consagración a su Sagrado Corazón. Vemos la divina simetría: consagrarnos al Inmaculado Corazón nos ayuda vivir la consagración a Cristo que nos muestra su Corazón como símbolo de su vida de amor en todos los aspectos, incluyendo su inmenso amor por cada uno de nosotros individualmente. Su Corazón también nos pide nuestro amor en reciprocidad, para unificarlo todo en la consagración a Su Corazón. Esta consagración a Jesús, se realiza al prometer nosotros vivir haciendo siempre la voluntad del Padre en todo." (2)
El colgó de una cruz sobre un cerro llamado Calvario. La muerte estaba cerca. ¡Cuanto había sufrido ya Jesús! Había sido flagelado. Todo su sagrado cuerpo era una llaga abierta y ensangrentada, y en condición terriblemente débil, cargó la pesada cruz al cerro del Gólgota. Allí lo desnudaron de sus vestiduras y sin piedad lo clavaron a la cruz. ¡Trata de imaginarte el inmenso dolor que sufrió Jesús al penetrar los clavos sus sagradas manos y pies! Después de este brutal y agonizante sufrimiento corporal y espiritual Jesús finalmente murió.
Y todo lo hizo por ti! Sí, verdaderamente puedes decir que, Jesús lo hizo todo por ti. Yo puedo decir que Jesús lo hizo todo por mí. El sufrió y murió por toda la humanidad, pero lo hizo en tal forma que en verdad fue por cada uno de nosotros individualmente. Cuando estaba padeciendo aquellos tremendos y horrible sufrimientos, nos conocía a ti y a mí por nuestro nombre. Nos amaba a cada uno con un tierno, profundo y único amor! Dio hasta la última gota de su preciosísima sangre por cada uno de nosotros.
¡Cuál no debiera ser nuestra respuesta a este amoroso Corazón
de Jesús que se dio totalmente hasta no tener ya más que
dar! Al menos, entregarle toda nuestra vida. ¡Al menos, consagrarnos
totalmente a este amoroso, inmenso y tierno corazón! Nada menos
que aspirar a vivir día a día nuestra consagración
con una profunda fe, esperanza y amor. Al menos, tener el deseo más
intenso de desarrollar y vivir una relación íntima y personal
con Jesús. ¡Todo ese tierno amor que encierra el Corazón
preciosísimo de Jesús para ti y para mí, merece al
menos eso!
Mientras Jesús colgaba la cruz, padeciendo aquel dolor tan intenso, nos dio a María como nuestra madre espiritual: "Junto a la cruz de Jesús estaba su madre, María, esposa de Cleofás, y María de Magdala. Jesús al ver a la madre, y junto a ella, a su discípulo al que más quería, dijo a la Madre: "Mujer, ahí tienes a tu hijo". Después dijo al discípulo: 'Ahí tienes a tu madre.'" (Jn. 19: 25-26).
Sí, Juan, el discípulo, nos representó a todos nosotros. Jesús, al dar a María a Juan como su Madre, nos la daba a todos nosotros como Madre espiritual. No podemos agradecerle a Jesús suficientemente este gran regalo. María es Madre tuya y mía. El Papa Juan Pablo II nos explica así como María es Madre de cada uno de nosotros según nuestra individualidad:
"De la esencia de la maternidad es el hecho de que concierne a la persona. La maternidad establece siempre una relación única e irrepetible entre dos personas : entre madre e hijo y entre el hijo y su madre. Aunque la misma mujer sea la madre de muchos hijos, la relación personal con cada uno de ellos es la esencia de la maternidad...
"Se puede decir que la maternidad 'en el orden de la gracia' preserva la analogía que en el orden de la naturaleza caracteriza la unión entre la madre y el hijo." (3)
Agradezcámosle siempre a María el ser la Madre de cada
uno de nosotros según nuestra individualidad. Yo puedo decir en
verdad, que María es mi Madre de una manera única, y tú
puedes en verdad decir que María es tu Madre también en una
forma única. Comprendiendo el grande y único amor que María
nos tiene, ¿que razones tenemos para no acudir a Ella? ¿Que
razones tendríamos para no pedirle que con recibiera como hijos
amados y ponernos cerca de su maternal e Inmaculado Corazón donde
siempre experimentamos el amor, el calor y la ternura de esta amadísima
Madre?
La mejor manera de mostrar nuestro amor a Jesús, es participando en la Misa. La misa es la principal fuente para crecer en nuestra vida consagrada. En la vida de la Iglesia todo--incluidos los sacramentos--se centra en el Sacrificio Eucarístico.
Todos los fieles tienen el privilegio de poder participar en el ofrecimiento de la Misa:
"El sacrificio de la Misa, como sabemos, hace presente el sacrificio del Calvario. En el sacrificio del Calvario, Cristo fue Sacerdote y Víctima. Obviamente, nosotros no nos ofrecimos con El. Pero en la Misa, Cristo, siendo Sacerdote y Víctima, no actúa solo. Por un designio de la gracia de Dios, todos los miembros de la Iglesia son sacerdotes y víctimas con Cristo. Aunque está claro que hay una gran diferencia entre el sacerdocio de los obispos y sacerdotes, y el sacerdocio de los fieles. Aquí en lo que deseamos insistir es que el sacerdocio universal, dado en el Bautismo a todos los fieles, es una participación muy real en el sacerdocio de Cristo.
"El Vaticano II ha recalcado este concepto del sacerdocio de todos los miembros de la Iglesia. Refiriéndose a la Misa, el Concilio dice: 'Por tanto, la Iglesia, con solícito cuidado, procura que los cristianos no asistan a este misterio de fe como extraños y mudos expectadores, sino que, comprendiéndolo bien a través de los ritos y oraciones, participen consciente, piadosa y activamente en la acción sagrada, sean instruidos con la palabra de Dios, se fortalezcan en la mesa del Señor, den gracias Dios, aprendan a ofrecerse a sí mismos al ofrecer la hostia inmaculada no sólo por manos del sacerdote, sino juntamente con él; se perfeccionen día a día por Cristo Mediador en la unión con Dios y entre sí, para que finalmente, Dios sea todo en todos.' (S.C. 48).
"En todas nuestras actividades, a semejanza de Cristo, vivimos eucarísticamente. A través de nuestro trabajo, descanso, risas y llanto, disfrutando el éxito y experimentando el fracaso, admirando la belleza de la naturaleza en toda actividad, vivimos la Misa. Continuamente nos ofrecemos en conformidad amorosa a la voluntad del Padre. De vez en cuando, durante el día, deberíamos hacer un acto consciente uniéndonos con nuestras obras al sacrificio del Calvario.
"El recibir a Jesús en la Sagrada Comunión durante la Misa, es sin duda, un momento precioso de ésta. Deberíamos aprovechar más estos momentos. Démosle adecuadamente las gracias a Jesús por venir a nosotros en su Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad. Agradezcamos a Jesús todo lo que sufrió para darnos la Eucaristía. Jesús habita en nosotros al recibirlo y el Corazón de Cristo, que es el símbolo de su gran amor, está con nosotros. Este Corazón anhela ser correspondido.
"Para prepararnos mejor en la participación de la Misa, Dios nos ofrece el sacramento de la Reconciliación. Nuestra Señora en Medjugorje nos pide que vayamos a la Confesión al menos una vez al mes.
"Deberíamos utilizar todos los medios que se nos proporcionan para participar con más fruto en el sacrificio Eucarístico. Es un gran privilegio estar presentes y participar en la Santa Misa. También, demostrarle a Jesús nuestro agradecimiento por este gran regalo, preparándonos mejor, y así alcanzar mayores beneficios de la Santa Misa para nosotros y para los demás.
"Nuestra devoción eucarística debiera incluir la reparación eucarística. Una manera de hacerlo es diciendo frecuentemente la oración de Fátima: Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, te adoro profundamente. Te ofrezco el precioso Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Jesucristo, presente en todos los tabernáculos del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencia por las cuales es ofendido. Por los infinitos méritos del Sagrado Corazón de Jesús y la intercesión del Inmaculado Corazón de María, te ruego por la conversión de los pecadores." (4)
Además de esta oración, hay otros actos de reparación eucarística que podemos hacer. Una de ellas es que hagamos acción de gracias después de la Santa Misa. Una de nuestras intenciones debiera ser el ser el reparar por la falta de acción de gracias de parte de muchos. Pió XII nos hablaba así acerca del deber de emplearnos debidamente en acción de gracias después de la misa:
"Al finalizar la Santa Misa, todo aquel que reciba la Eucaristía, debería recogerse y en unión íntima con el Divino Dueño y conversar amorosamente con El. Es de lamentar que recientemente esta acción, de gracias no se lleve a cabo. Se han alejado del camino recto de la verdad, los que adheriéndose a la letra, afirman y enseñan que dado que la Misa en sí misma acción de gracias, al concluir la misa no hace falta añadirle una acción de gracias adiciona." (5)
El Espíritu Santo se nos da para transformarnos en Cristo. Esta es un proceso continuo. Sobre este tema Jesús nos transmite este mensaje:
"Mi querido amigo, dile a mi pueblo que ore diariamente al Espíritu Santo para que les aumente sus dones. Mi pueblo debe entender que el Espíritu Santo viene a transformarlos. El Espíritu Santo desea transformarte más y más a mi imagen. Aquellos que son dóciles se asemejan más a Mí. Aquel que habite más adentro del corazón de Mi Madre, más activo estará en el Espíritu Santo. El Espíritu Santo dirige a María para ponerte en mi corazón. Tu transformación continúa en Nuestros Corazones. Mientras más te conformes a mi Corazón, más te adentraré al interior de mi Padre. Dile todo esto a Mi Pueblo. Diles que oren diariamente para una mayor aprecio de estos dones. ¡Yo soy el Señor y el Dueño! ¡Todos aquellos que vengan a mi Corazón estarán ardiendo por recibir los dones del Espíritu en una medida tan grande! ¡Yo amo y bendigo a Mi Pueblo!" (Mensaje de Jesús al Padre Carter)." (6)
Dios nos llama a vivir nuestra existencia cristiana, la vida espiritual, dentro de la Iglesia, la Iglesia que Cristo estableció. Esta Iglesia es una realidad esplendorosa. Tiene muchos diferentes nombres, imágenes y dimensiones que confirman y manifiestan esta multifacética riqueza. Sin embargo, todos ellos hablan de una misma realidad. He aquí un mensaje de Jesús que habla, sobre su Iglesia:
"Mi amado compañero sacerdote, recuérdale a mi pueblo (a los fieles) que la Iglesia nació de mi Corazón, herido por al lanza del soldado en el calvario. De mi Corazón herido la Iglesia y sus sacramentos nacieron. Dos de estos sacramentos, la Eucaristía y el Bautismo, son símbolos de la sangre y el agua que brotaron de mi costado herido.
"Así como la Iglesia nació de Mi Corazón herido, así la vida de la Iglesia crece de las gracias que Yo le doy continuamente. De mi Corazón herido, este Corazón que ya está glorificado.
"Yo llamo a los miembros de Mi Iglesia a que me ayuden a construir Mi Cuerpo, la Iglesia, acercándose a Mi Corazón Herido. Unidos a mi Corazón y habitando en El, les daré a cada uno la luz y, fuerza para cumplir la voluntad de Mi Padre en la construcción de Mi Iglesia.
"María es Madre y Modelo de la Iglesia. Como Madre de la Iglesia, ella intercede para todas las gracias que los miembros necesitan para contribuir en la construcción de Mi Iglesia. Como Modelo de la Iglesia, como mi perfecta imitadora, ella muestra a los hijos de la Iglesia, como todos, individual y colectivamente, deberán ser formados a Mi imagen. Como todos vienen a Mi Corazón para construir Mi Iglesia, que vengan unidos al corazón de María.
"Mi Iglesia está experimentando tiempos críticos y difíciles. Hay muchas divisiones dentro de Mi Iglesia. Hay muchas enseñanzas falsas, en la que se involucran algunos teólogos. Estas falsas enseñanzas se dan porque los responsables de ellas no están verdaderamente unidos con mi Vicario, el Papa y el Magisterio de la Iglesia. Yo quiero que todos mis hijos oren diariamente por tantos y tan serios padecimientos de la Iglesia. Si aumentan las oraciones y sacrificios por la salud de la Iglesia, pronto vendrá el día en que la Iglesia se verá purificada y revitalizada. Cuando venga ese día, la Iglesia renovada se caracterizará por el triunfo del Corazón Inmaculado y el Reino de mi Sagrado Corazón. Entonces, el mensaje de Fátima se habrá cumplido.
"Yo soy el Señor y el dueño. Yo les pido a todos Mis fieles que oigan Mis palabras y que respondan a ellas. ¡Yo amo a Mi pueblo con inmenso amor, y en este gran amor, les doy este mensaje!" (Mensaje de Jesús al Padre Carter). (7)
La vida de la gracia santificante se expresa a través de las virtudes cristianas. Visualicemos esta vida:
"Las Personas de la Santísima Trinidad se nos han comunicado, con un profundo amor. Cuando una persona está en estado de gracia el Padre Hijo y Espíritu Santo habitan en esa persona de manera extraordinaria.
"Con una íntima y Trinitaria comunicación, las personas de la Trinidad, imprimen su imagen sobre nosotros. Esta imagen es nuestra vida de gracia, nuestra participación creadora en la vida Trinitaria. Recibimos esta vida en el Bautismo, y nuestro privilegio y responsabilidad será que desarrollarla lo mejor que podamos durante nuestro peregrinar, antes de experimentar el paso a la vida eterna.
"Siendo Cristo por su humanidad, Mediador de nuestra vida de gracia no solamente tiene una dimensión Trinitaria, si no que además, Cristológica. Es por esto que a nuestra vida de gracia se le llama vida cristiana.
"Nuestra vida cristiana está centrada en la fe y en el amor. La fe cristiana nos otorga una capacidad extraordinaria para entender las realidades y cosas de Dios. La virtud del amor cristiano nos permite acompañar este conocimiento en la fe con una respuesta de amor. La esperanza cristiana sostienen en la fe y en el amor. Las demás virtudes cristianas se entrelazan con estas tres y principales capacidades cristianas." (8)
Mucho se oye sobre la fe y el amor, las dos mas grandes virtudes cristianas. La esperanza es sumamente importante, también. Uno de los aspectos de la virtud de la esperanza es la confianza. Oigamos un mensaje de Jesús sobre la confianza:
"Mis amados compañeros sacerdotes, digan a Mi pueblo que confíe en Mi sin reservas. Yo soy el Señor y Dueño. Yo soy Dios. Hay tantos que no confían en mí como debieran. ¡Yo los amo mucho mas de lo que ellos se aman a sí mismo! ¡El gran amor que les tengo a cada uno debería animarlos a confiar en Mí! Al darte cuenta que tanto te ama un amigo, mas confianza le tienes. Yo soy tu Amigo perfecto. ¡Yo te amo mucho más que tu mejor amigo de la tierra! Dile a mi pueblo que confíe plenamente en Mí. Diles que repitan seguido, Sagrado Corazón, de Jesús, en Ti confío." (Mensaje de Jesús al Padre Carter). (9)
He aquí un mensaje de María sobre la oración. Ella nos habla sobre la importancia tan grande que tiene la oración en nuestra vida espiritual:
"Mi amado hijo sacerdote, muchas veces te he enseñado la gran importancia de la oración. He alcanzado para ti la gracia para que a ames la oración, si no también durante el día que te permita cumplir tus deberes diarios. Te he enseñado que tu oración la hagas en unión con la Santa Misa. Ciertamente, el sacrificio Eucarístico es en sí la mayor oración. Toda otra oración deberá unirse conscientemente a la Santa Misa que constantemente se ofrece en todo el mundo. Te he enseñado la importancia tan grande de orar frente al tabernáculo. Mi hijo está presente allí en la Eucaristía en su Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad. Gracias especiales se dan para los que oran delante del tabernáculo.
"Hay tanto porque orar en estos tiempos tan críticos. La Iglesia y el mundo están pasando por tiempos muy difíciles. Yo deseo que todos mis hijos oren diariamente por todas las necesidades de la Iglesia y el mundo. Pido oraciones espaciales por la conversión de los pecadores.
"Le pido a mis hijos que recen el rosario cada día. Gracias muy especiales se dan aquellos que lo hagan. Durante estos días de gran purificación. Yo prometo protección especial para aquellos que recen el rosario con regularidad. También les prometo protección a sus seres queridos.
"Cualquier forma de oración que mis hijos hagan, que sea siempre en unión con mi Inmaculado Corazón. Entre más se unan mis hijos a Mí, de la misma forma los guío a hacer oración en el Corazón de mi Hijo, Jesús. El, a su vez, coloca toda oración en el regazo del Padre en la unidad del Espíritu Santo.
"Mi Hijo querido les recuerda siempre a todos mis pequeños, la gran importancia de la oración por sus necesidades y las necesidades de todos. Sígueles diciendo de la gran necesidad de la oración para crecer en el amor a Dios y al prójimo. Yo amo a todos mis hijos con un amor muy tierno. Yo deseo que todos oigan mis palabras y las vivan en su diario vivir." (Mensaje de María al Padre Carter). (10)
Nuestra unión a Cristo por el Bautismo, siendo alimentados gradualmente en esa vida, se centra en el modelo de muerte-resurrección. Ciertamente, el tema de muerte-resurrección está en el corazón de la historia de la salvación. Consideremos aquello que sucedió en el Antiguo Testamento, en el Nuevo Testamento, y en nuestras propias vidas, recordando siempre que cualquier forma de muerte, o sea, cualquier forma de sufrimiento, es para llevarnos a mejor vida, más paz, y más felicidad.
El tema de muerte-resurrección está en el corazón de la historia del Antiguo Testamento. El pueblo judío, bajo la dirección de Moisés, experimentó la muerte-resurrección al formarse en el pueblo de la Alianza, el pueblo de Dios. En los pasajes del Exodo, ellos huyeron de la esclavitud egipcia, se llegaron hasta el Monte Sinaí, donde fue ratificada la Alianza siguiendo el recorrido hasta la Tierra prometida. Como miembros de la alianza Mosaica, a una encuentro mas íntimo con Dios.
Esta transición religiosa implicó muerte-resurrección. Para que los judíos llegaran a ser pueblo de la Alianza era necesario que padecieran una muerte mística o espiritual. En otras palabras, el pueblo judío debió soportar las dificultades de la vida de la alianza y estar dispuestos a morir por todo aquello que no era la voluntad de Dios. Esta muerte mística, entonces, tuvo una razón muy positiva. Fue dirigida a la vida en la alianza y el crecimiento en es vida. Esta muerte espiritual, pues, apuntaba hacia la resurrección.
El tema de la muerte y resurrección está en la médula del Antiguo Testamento. Y Cristo lo cumplió a la perfección. El también experimentó una transición religiosa, pasando gradualmente primero y definitivamente después al morir, a una nueva existencia, a la vida de la resurrección, que El ganó no solo para Sí mismo, sino para toda la humanidad. Para ganarse esta nueva vida, Jesús estuvo dispuesto a pagar el precio, sufriendo hasta la muerte. Así tenía que ser, que la única manera para llegar a la resurrección, fuera a través de sufrir y morir. Esto lo manifestó Jesús a los dos discípulos en el camino a Emaús: "¡Qué poco entienden ustedes y cuánto les cuesta creer lo que anunciaron los profetas! ¿No tenía que ser así y que el Cristo padeciera para entrar en su gloria?" (Lc. 24: 25-26).
Cristo fundamentó la vida cristiana por la forma que El vivió, murió y resucitó entre los muertos. Entonces es obvio que el modelo de muerte-resurrección debe estar en el corazón de la vida cristiana. Individual y comunitariamente, continuamos el morir con Cristo y parra resucitar con El. En un proceso de transición religiosa, pasamos a una mayor participación en la resurrección de Jesús. Es cierto que nuestra participación en la resurrección de Jesús se completará solo en la vida eterna. No obstante, comenzamos la vida de resurrección aquí en la tierra, en el hoy y aquí de la vida humana, entre el gozo y el dolor, experimentando los éxitos y fracasos, con el sudor en la frente y con el gozo pro todos los regalos de Dios. Como cristianos, deberíamos tener un sentido de crecer en ese hoy y aquí de vida de resurrección. Algunos tienen una visión estática de la vida Cristiana. No se han dado cuenta eficazmente de que la vida espiritual, centrada en muerte y resurrección, debe expresarse más consciente y dinámicamente en su diario vivir.
No podemos conservar la vida de resurrección--nuestra vida nueva en Cristo--sin aceptar el sufrimiento para seguir a Cristo cargando la cruz. Esto no quiere decir que necesitamos sentirnos abrumados y cargados por los sufrimientos de nuestras vidas. La mayor parte de sufrimiento para la mayoría de los cristianos, parece ser una acumulación de apuros, dificultades, y penas. Aunque hay ocasiones en nuestras vidas, de gran sufrimiento, hasta de proporciones agonizantes. Ya sean nuestros sufrimientos ordinarios o en extremo dolorosos, estemos convencidos que de nuestra en nuestra debida relación con la cruz estará nuestra reside nuestra posibilidad de resucitar. Al crecer nosotros por la resurrección nos capacitamos para compartir la resurrección con los demás.
Los Corazones Traspasados de Jesús y María son los grandes símbolos que nos recuerdan que para amar a Dios y a nuestro prójimo requiere que tengamos buena disposición para el sufrimiento. ¡Cuanto sufrieron Jesús y María por nuestro amor! Nuestra consagración a Sus Corazones incluye nuestra buena disposición para cargar la cruz. No como un fin en sí sino como medio para una vida mejor. Si asumimos la cruz en conformidad a la voluntad del Padre, creceremos en la vida cristiana. Con María a nuestro lado, nos acercamos más a Cristo. Jesús, a la vez, nos lleva al Padre por el Espíritu Santo. Si crecemos nosotros en nuestra vida cristiana, seremos instrumentos capaces de canalizar esta vida a los demás. ¡La cruz de Cristo siempre desemboca en la vida!
El verdadero cristiano está posee un sentido adecuado de su relación con los demás. Es decir, un verdadero cristiano tiene que estar muy consciente de que gran parte del plan de Dios para nosotros nos relaciona con nuestro prójimo. La convicción cristiana nos dice que caminemos el sendero de la vida de la mano de nuestros hermanos y hermanas de la familia humana y no vivamos aislados.
Para relacionarnos con los demás, según la voluntad de Dios, debemos conocerlos y pasar de alto las apariencias exteriores y lo que no nos agrada, para llegar al interior de sus existencias. Cuando tenemos este contacto con los demás, respetamos su dignidad y el hecho que han sido creados y redimidos por el amor de Dios. Y que Jesús en su misericordia y amor derramó la última gota de sangre por cada una de ellos, y que Su Corazón fue traspasado en la cruz ¡porque a todos les amaba sin medida! Estamos conscientes de que este sacratísimo y traspasado Corazón, ahora en estado glorioso, todavía late con un gran amor por cada individuo sobre la tierra. El percatarnos de todo esto, nos motiva para relacionarnos con todos con aquellos con quien tenemos contacto directo y los que aún no conocemos físicamente.
Para estar en íntima comunicación con los demás, tendríamos que conocernos mejor a nosotros mismos. Sabiendo que estamos hechos a imagen de Dios, que hemos sido redimidos por Cristo, y que la verdadera felicidad solamente se encuentra a través de un esfuerzo constante de crecer en el amor de Dios y a nuestro prójimo, entonces veremos la profunda interacción de estas tres realidades y amores: El Amor de Dios, el prójimo y nosotros mismos. Como cristianos maduros, debemos darnos cuenta de como nuestra existencia, de diversas formas, está profundamente ligada a la existencia de los demás. Este sentido de unión con los demás, no se limita solamente con aquellos que tratamos directamente, sino que de diferente manera, va dirigida a todos los miembros de la familia humana.
El mundo en el que vivimos es una mezcla de lo bello y brillante y de
aquello que es pecaminoso, feo y horrendo. Tenemos el privilegio y responsabilidad
de formar este mundo contemporáneo según el sello Cristológico.
Jesús imprimió su imagen sobre el orden del mundo por la
manera como El vivió, murió y resucitó. Nosotros debemos
procurar dirigir a los que nos rodean y sus valores por el sendero que
nos dejaron las huellas de Jesús de Nazaret, una tarea que no siempre
es fácil. Existen tantas fuerzas en el mundo de hoy que trabajan
contra Cristo, su mensaje, y el orden que El vino a establecer. Pero, ¿vamos
a permitir que esas fuerzas del mal nos desalienten de hacer todo lo posible
para mejorar este mundo, según los designios de Cristo? Jesús
pagó un terrible precio para redimir al mundo. Su Corazón
fue traspasado en la cruz por nuestra redención. Y gime, en su gran
amor para nosotros. El nos pide que pongamos de nuestra parte para ayudar
a que el mundo refleje su imagen. Para responder al gran amor que el Corazón
de Jesús tiene para cada uno de nosotros, hagámonos esta
pregunta, unidos a María nuestra Madre, "¿Qué
he hecho por Cristo, qué hago por Cristo, que debo hacer por Cristo?"
San José es el Patrono de la Iglesia Universal. Su poder de intercesión es muy grande. Jesús, mientras estuvo en la tierra, gozó con la cercanía extraordinaria de José y María. Y su unión con ellos en el cielo es todavía mayor. Pidamos a San José cada día que nos obtenga la gracia de estar más cerca a los Corazones de Jesús y María.
Deberíamos de orar también a los otros santos del cielo, especialmente a nuestros santos favoritos. Los santos son miembros de la Iglesia triunfante. Deberíamos orar siempre por las almas del purgatorio y a ellas (pues nos pueden ayudar). Las almas del purgatorio son miembros de la Iglesia sufriente. Nosotros, que somos miembros de la Iglesia militante, aquí en la tierra, formamos una Iglesia con los Santos del cielo y las almas del purgatorio. Debemos percatarnos del vínculo que nos une con Cristo.
Siempre debemos pedirles a los ángeles su ayuda, especialmente a los arcángeles Miguel, Gabriel y Rafael, y a nuestro ángel de la guardia.
Hemos presentado una forma de vida espiritual para los miembros, de los Asociados de los Pastores de Cristo. Todos los aspectos de esta forma de vivir se centran en el vivir el acto de consagración a los Corazones de Jesús y María. Al hacer y vivir esta consagración, correspondemos al amor de Jesús y de María, y a través de ellos, correspondemos amorosamente al Padre y al Espíritu Santo. Ciertamente, nuestra consagración a los Corazones de Jesús y María es a la vez, consagración al Padre y al Espíritu Santo. Recordaremos siempre, que nuestra consagración al Sagrado Corazón y al Inmaculado Corazón es la forma por la cual Jesús y María nos invitan a vivir nuestra consagración bautismal y por la cual pertenecemos al Padre, Hijo y al Espíritu Santo. Recordemos también que vamos al Padre a través de Cristo, en el Espíritu Santo, con María nuestra Madre a nuestro lado.
Alentamos fuertemente a los miembros de los Asociados de los Pastores de Cristo a que relean regularmente lo escrito en forma de oración. Esto proveerá continua ayuda a sus miembros para crecer en su consagración a los Corazones de Jesús y María.